Cuando fue mi turno de escribir, comprendí que todos temían que diera un giro a la historia.
Pero había demasiados adjetivos, demasiados patrones, demasiadas Verdades.
Sus cuerpos se tensaron cuando, en vez de continuar sin cuestionar, comencé a tachar cada una de las palabras de cada una de las páginas.
Todas, excepto el título:
Mujer.

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